Los aportes de la Economía Solidaria, una visión europea

Vivimos en un mundo global que se desgarra en función de la acumulación, o ausencia, de la riqueza, bajo la única regla de la competitividad. El 44 por ciento de la población mundial vive con menos de dos dólares al día y el 18 por ciento vive en pobreza extrema. Uno de cada dos que vivimos en el mundo está en el ámbito de la pobreza. La pobreza se ha territorializado. 

Una estimación de las Naciones Unidas para América Latina señala que entre 1970 y 1980 había 50 millones de pobres e indigentes, pero en el 2000 los pobres eran 224 millones de personas.

En 1820 la distancia entre la renta de Estados Unidos y África era de tres a uno y en 1998 esta distancia de incrementó siete veces, siendo de uno a veinte. Según la Revista Forbes, la fortuna de cada uno de los 400 estadounidenses más ricos creció, entre 1997 y 1999, un promedio de 940 millones de dólares. Durante un reciente periodo de doce años, los bienes del 40% de los hogares más pobres de ese país se redujeron en un 80%. Para los ricos el aumento promedio sería de 1.287.671 dólares por día. Si eso fuese el salario por una semana laboral de 40 horas, resultaría que habrían ganado 225.963 dólares a la hora, o 43.867 veces el salario mínimo. Todo en un mismo país.

Según el programa de Naciones Unidas para el desarrollo los problemas del hambre, del acceso al agua potable, de una vivienda mínima, y de la asistencia sanitaria básica se resolverían si suprimimos en un 10 por ciento la publicidad mundial y creamos un fondo mundial de desarrollo planetario.

¿Crecimiento o desarrollo?

Es preciso revisar los conceptos dominantes del crecimiento económico, que no siempre significa desarrollo. Incluso su medida, en términos de Producto Interno Bruto (PIB), se concreta tan solo en flujos monetarios, no en cohesión social. De forma que se puede crecer pero no desarrollarse. Un país puede tener más dinero pero, también, más pobres. Se está poniendo en cuestión el concepto de PIB como elemento de medida. Y con ello, se ha de reconsiderar el concepto de riqueza.

Los sistemas de contabilidad nacional, que provocaron el nacimiento del conocido PIB después de la Segunda Guerra Mundial, son, esencialmente, la base de la reconstrucción de una economía a la que no interesa cuestiones como la ecología o las personas. Sólo interesaba lo que tenía valor económico y no lo que tenía valor humano.

Según Viveret, se tienen que desarrollar estrategias que permitan a los seres humanos situarse en lógicas cooperativas, más que en lógicas de lucha o guerreras, que en economía se llaman lógicas competitivas. Lo esencial de la revolución de la inteligencia, de la revolución de la información es que es contraria a la mayoría de las características emocionales que hoy en día tiene la nueva forma del capitalismo, y que se resume en una frase que no cesan de repetirnos: “ganarás luchando contra los demás, y no gracias a los demás”. Competitividad y lucha. Esos son los valores. No hay aliados, tan solo hay competidores.

Kart Polany, al describir la sociedad actual dominada por el vínculo económico-mercantil, sostenía que es tan determinante que absorbe y subordina los vículos políticos, efectivos, amistosos o asociativos. Es decir, decía Polany, que estamos no en una economía, sino en una ecorreligión, una religión de la economía, en la cual el sistema de creencias y el sistema de valores deriva en creer que ocupándonos de la economía ya nos ocupamos de todas las cosas.  

¿Y el empleo….?

El empleo y riqueza son dos columnas sustentadoras del Estado del Bienestar.

En el caso del empleo, esta concepción ha hecho daño y distorsionado las cosas. Lo productivo como valor dominante constituía el empleo como factor de producción. Por tanto, las personas eran recursos productivos. Incluso su selección para un trabajo era diseñada desde la óptica de adaptación al puesto pensando en la mejor productividad.

Ello aporta, como conclusión natural del mercado, la exclusión.

Como enseña la experiencia, las políticas comienzan a mejorar cuando los ciudadanos se deciden a actuar. [4].

La exclusión del mercado laboral destruye la capacidad cívica de las personas y ésta la normalidad democrática. Sin empleo difícilmente se puede construir una sociedad de todos y para todos. Mayor cohesión y educación, así como las políticas sociales, contribuyen al progreso económico y al bienestar.

El compromiso por el empleo se ha de integrar en las diversas decisiones empresariales y de políticas públicas, sabiendo que al destruir empleo se destruyen mecanismos básicos de democracia y ciudadanía. Para evitar esta tendencia dominante será imprescindible la implicación de todos los agentes sociales (la sociedad civil). Lo que es coherente con las políticas que buscan un crecimiento económico asociado a una mayor cohesión social.

¿Y qué aporta la economía social en ello?

El Consejo Económico y Social de Europa[5] dice que en la Unión Europea (UE) cada vez es mayor la importancia social y económica de las empresas y organizaciones de la economía social[6] (EES): con alrededor de nueve millones de trabajadores en equivalente a tiempo completo, representan un 7.9 por ciento del empleo asalariado civil[7]. Además, engloban una proporción considerable de la sociedad civil, puesto que se considera que forma parte de ella más del 25% de los ciudadanos de la UE, en calidad de productores, consumidores, ahorradores, habitantes de una vivienda, asegurados, estudiantes, voluntarios, etcétera. Las EES se desarrollan esencialmente en determinados sectores como la sanidad, el medio ambiente, los servidos sociales y la educación[8].

Desempeñan un papel fundamental en la creación de capital social, la capacidad de emplear a personas desfavorecidas, el bienestar social, la revitalización de las economías locales y la modernización de los modelos locales de gestión. Asimismo, han establecido sistemas de balance societal para evaluar su impacto social y medioambiental. En España, según los datos publicados recientemente por CEPES, este tipo de empresas representan el 8 por ciento del PIB, el 14 por ciento de la población ocupada y un 25 por ciento de la población española tienen relación con alguna de estas organizaciones. Se está dibujando con estos elementos un nuevo modelo de ser empresa, distinta de la tradicional, cuyos resultados y consecuencias sociales serán, evidentemente, distintos a los rasgos descritos.

Las empresas de Economía Social se apoyan en las personas, son de propiedad colectiva, por lo que todos sus socios (sus propietarios) se han de involucrar en las decisiones. Son “otra forma de hacer empresa y de generar riquezas” siempre colectiva; que se compromete con el territorio (una empresa de economía social nunca se deslocaliza) y su producción suele ser respetuosa con los clientes, los productores y con sus relaciones de contratación.

Las estructuras de la economía social han mostrado su utilidad cuando se trata de reforzar a las pequeñas y medianas empresas tradicionales cuando éstas las emplean para formar sistemas de empresas (redes, grupos, estructuras comunes de apoyo) o realizar economías de escala, así como para establecer mecanismos de garantía recíproca de préstamos bancarios.

La Economía Social aporta empleos en condiciones de mejor calidad y estabilidad. Podríamos decir que estas empresas aportan diversos valores a las personas y a la sociedad por sus propias características, su propiedad colectiva, su gestión democrática y su generación de riqueza para todos. Podrían enumerarse las aportaciones al empleo en los siguientes temas:

a) generación de valor añadido social. Lo que se concreta en la aportación a las personas y a la sociedad de:

  • Una capacidad innata y progresiva de adecuación a las nuevas circunstancias y a la evolución de la sociedad.
  • Un modo más social y humano de entender la economía, la gestión y el progreso.
  • Una capacidad de emprender en sectores o espacios económicos poco atractivos para otro tipo de empresas, siempre empeñadas en maximizar el beneficio.
  • Una ayuda a emerger economías informales y sumergidas, ayudando a aflorar puestos de trabajos.
  • Formación en la gestión y en la democracia. No en balde han recibido la calificación de ser escuelas de democracia económica. Cada uno de sus socios ha de opinar sobre las variables estratégicas de la empresa, del mercado y de la competencia, pues la experiencia empresarial es de todos sus socios.

b) cohesión e inclusión social[9].

  • La economía social favorece la integración de todas las personas y reduce la exclusión social. Existen experiencias evidentes en este campo sin las que no sería fácil entender determinados sectores sociales, por ejemplo, el de la discapacidad.

c) se compromete con el entorno y con la comunidad donde reside, siendo una expresión de “˜economía de la proximidad”, contribuyendo así a la resolución real de los problemas sociales, territorializados:

  • Se adaptan al modelo y necesidades locales, inventando experiencias productivas y empresariales que ni el inversor privado ni el público solucionan.
  • Crea riqueza y ayuda a distribuir eficazmente la renta incrementando la equidad social.

d) desarrolla capital social incrementando las relaciones de confianza entre las personas:

  • Crea empleo estable en mayor proporción que las empresas tradicionales, pues la experiencia empresarial de los socios que se deciden a abrir una empresa no lo hacen en condiciones de temporalidad.
  • Suele ser, a veces, una experiencia que ayuda a reciclar a los trabajadores que o fracasaron en el empresa tradicional o esta empresa fue la que fracasó expulsándoles a la calle por las razones que sean.
  • Genera cultura de participación, corresponsabilidad y riesgo compartido, imprescindible para el éxito de las políticas de rentas y crecimiento compartido. O lo que es lo mismo, ayuda a generar cultura ciudadana.
  • Establece relaciones de confianza entre la personas

e) fomenta el espíritu emprendedor, activando las capacidades personales.

  • Estas empresas se apoyan en la capacidad emprendedora (individual y colectiva). Por lo que son escuelas de formación empresarial

No son estas afirmaciones y valoraciones un relato extralimitado de las aportaciones de la Economía Social. Es la consecuencia natural de ser una empresa propiedad de todos sus socios, que afecta por igual a todos, que traslada a todos por igual al fracaso o al éxito, según se haya sabido gestionar; en las que el riesgo compartido hace posible la experiencia empresarial (pues en solitario no hubiera sido posible). La nuclear separación de estas empresas de las tradicionales se basa en que aquí una persona es un voto, lo que traslada una connotación de colectividad, de implicación, de creatividad… que no es capaz de trasladar la empresa de capital. “Una persona un voto” es un elemento dinamizador que, en sí mismo, se convierte en motor de desarrollo personal a través del puesto de trabajo.

Integración de la ética en la economía.

Dice Joseph Stiglitz[10] que “se necesitan políticas para un crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Ésta es la razón del desarrollo. El desarrollo no consiste en ayudar a unos pocos individuos a enriquecerse o en crear un puñado de absurdas industrias protegidas que solo benefician a la élite del país”.

El desarrollo consiste en transformar las sociedades, mejorar la vida de los pobres, permitir que todos tengan la oportunidad de salir adelante y acceder a la salud y a la educación.

Lo que comporta que los economistas deberían contribuir en la generación de una economía que enfrente las tremendas exclusiones actuales, como la pauperización de los niños (60 por ciento de los niños de América Latina son pobres), la destrucción de las familias por la pobreza y el desempleo (una de cada cinco en toda América Latina), la marginación de los jóvenes (su tasa de desocupación en esta región duplica el resto), las que derivan de las discriminaciones del genero, del maltrato a las edades mayores, a las minorías indígenas, a los discapacitados, a los excluidos…”

Queremos una sociedad de todos, para todos sin exclusión, donde todas las personas tengan su espacio. El empleo es fuente de ciudadanía. El puesto de trabajo es base de la dignidad. Queremos una sociedad distinta de la que heredamos de la vieja cultura industrial. Donde lo productivo no sea el valor dominante, sino lo económico y lo social. La ética ha de volver a la gestión de las empresas, de la economía y de la sociedad. También a los Poderes públicos. En ello la Economía Social tiene muchas cosas que decir, porque ya las hace, porque son sus valores. La Responsabilidad Social, concepto emergente hoy, no es nada más que hacer que las cosas sean como siempre debieron ser.

Notas

* Presidente de la Confederación Empresarial Española de Economía Social (Cepes), organización que en 1992 se constituye como la institución representativa de la Economía Social en España.

[1] Ver “El fin de la pobreza”, de Jeffrey Sachs, Barcelona, 2005.

[2] Bernardo Kliksberg. “El círculo de hierro”.

[3] Ver: “Reconsiderando la riqueza, reconsiderando el empleo”, realizado en unión con el Equipo Promocions. Barcelona. 2004.

[4] Evaluación del quinto programa comunitario de política y acción en materia medioambiental, 1999, documento de la Comisión.

[5] Dictámen del Comité Económico y Social Europeo sobre “La diversificación económica en los países adherentes. Función de las Pyme y de las empresas de la economía social”. Bruselas, 1 de abril de 2004.

[6] Son empresas de diversas figuras jurídicas (su eje constitutivo son las cooperativas, pero también integran a las mutualidades, las fundaciones, especialmente las que comprenden objetivos sociales, del mismo modo que a determinadas asociaciones). En España se integran también en este concepto a las sociedades laborales (ver declaración del Comité Europeo Permanente de Cooperativas, Mutualidades, Asociaciones y Fundaciones -CEP,CMAF).

[7] CIRIEC 2000: “The enterprises and organisations of the third system: strategic challenge for employment”, Universidad de Lieja.

[8] Véase la Carta de la CEP-CMAF (Conferencia Europea Permanente de Cooperativas, Mutualidades, Asociaciones y Fundaciones). La carta Europea de la Pequeña Empresa reconoce que aunque las pequeñas empresas son “la columna vertebral de la economía europea“?, también son “las más sensibles a los cambios en el entorno empresarial“.

[9] Existen figuras jurídicas especializadas en la inclusión laboral. En España ésta son “las empresas de inserción”, dirigidas a crear empleo que pueda aportar elementos de integración para personas que el mercado laboral no emplearía ““personas inempleables- como son los ex drogadictos, ex alcohólicos, ex presidiarios (superados sus problemas de dependencia no son admitidos por el mercado laboral). También están los Centros Especiales de Empleo, especializados en insertar laboralmente a personas con discapacidad, tanto física como sensorial o intelectual. En Europa estas empresas son las cooperativas de iniciativa social, también existentes en España. La ley de cooperativas española (27/1999, de 16 de julio) las define como “aquellas…que sin ánimo de lucro y con independencia de su clase jurídica, tienen por objeto social…el desarrollo de cualquier actividad económica que tenga por finalidad la integración laboral de personas que sufran cualquier clase de exclusión social”.

[10] Ver “El malestar de la globalización”? Joseph Stiglitz. Taurus.

FUENTE: autor: Marcos de Castro, CEPES, España

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