Debates de la Economía Solidaria

Desde hace tiempo en el escenario de los varios debates al rededor de la Economía Solidaria está el de la homogeneidad o heterogeneidad, así como el de la integración de la diversidad versus la búsqueda de la uniformidad para cobrar fuerza social.

¿Que claridades tengo yo sobre estos debates? dicho a vuelo de pájaro, porque hoy en día falta abrirnos tiempo para profundizar como uno quisiera dado que el remo está en una mano y en el otro la reflexión. He aquí unos brochazos de respuesta:

Por un lado, hay una tendencia de unificar criterios y esfuerzos comunes, aquellos que se montan sobre los principios de Prioridad a la persona sobre encima del capital, Propiedad colectiva o social, Inversión de beneficios en proyectos de desarrollo, Encargo colectivo de gestar alternativas basadas en la equidad, la democracia y la justicia, inclúyase el respeto y promoción de los Derechos Humanos, económicos, ambientales, sociales, ecológicos, culturales, etc.

Por otro lado habrá que mantener el equilibrio que de origen le caracteriza a la Economía Solidaria: una diversidad de formas nacientes, pululantes por diversos países, bajo diversas necesidades y con prácticas diferentes, así como métodos, sin pretender uniformarlas y guardandolas en su especuificidad y tamaño -ya estamos claros en que cayó la época del pensamiento ùnico y los metarelatos- o por lo menos se desvaneciò dejando ver que no hay una ùnica propuesta en la sociedad globalizada, sino “n” propuestas de diversa índole. Me parece que la diversidad de experiencias y propuestas de Economía Solidaria deben de quedar en gran medida así, diversas. Sölo que hay que generar mecanismos de integración, de creación de redes. Mismas que de hecho ya están activas y en construcción.

Para ello hay que tomar en cuenta algo más, y aquí viene a colación una nota reciente de Luis Razeto en El Ciudadano– no todos los organismos, instituciones, empresas y agrupaciones que trabajan en proyectos sociales o socioempresariales se deben de catalogar como entidades de la Economía Solidaria, siendo un filtro fundamental la vivencia o promoción de los principios anteriormente señalados.

Luis Razeto -en la referencia citada- señala que “el mercado es una realidad social e histórica, pues es la expresión de que los humanos nos necesitamos y trabajamos unos para otros… Destaca la importancia de realizar una gran autocrítica, desde dentro del mercado y del mundo de quienes adhieren a la economía solidaria”.

Así como “no hay que confundir el concepto genérico de mercado con el particular mercado capitalista, que es competitivo y disociador”, tampoco hay que confundir los componentes básicos de organizaciones sociales o del tercer sector con los componentes (principios y prácticas) de la Economía Solidaria.

La nota de Razeto y mi este post es con ocasión de la presentación que hizo Razeto del libro La Economía de Mercado y el desafío de los valores cooperativos, del académico peruano Arnold Encomendero. Razeto coincidió con Encomendero en cuanto a que el principal desafío de la Economía Solidaria es la necesidad de integrar los valores con el requerimiento de eficiencia y racionalidad económica, reto que muchos de los que trabajamos en la Economía Solidaria podemos sostener como prioritario y se encuentra anclado en nuestro trabajo diario.

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